Salburua
      es un artículo de Jabier Salutregi Mentxaka, Director de "Egin", publicado en GARA el 26 de septiembre de 1999.


      Salburua

      Jabier Salutregi Mentxaka * Director de "Egin"

      Atronará Salburua con las voces que surgen de las entrañas del nacionalismo de siempre, del nacionalismo que llena de ilu- sión a los viejos y no tan viejos militantes del "partido". Atronarán en las campas arabarras las voces del nacionalismo que deja tibios, si no fríos, a votantes y simpatizantes de última hornada que rodean como cinturón de hierro hasta casi inmovilizar al PNV.

      Hoy en Salburua, volverán a oírse promesas sagradas, volverán, como las golondrinas, a posarse sobre el pensamiento de la militancia del PNV las ideas de patria, pueblo, nación y libertad. Hoy, como hace ya demasiados años, correrán las lágrimas y se acelerará el pulso del abertzalismo peneuvista. Salburua entera vibrará hasta conmover los cimientos de un partido importante para Euskal Herria. Tan importante que, por serlo, es también importante para España.

      Volverán a oírse frases contundentes, reafirmaciones y aseveraciones que erizarán los nervios más rocosos y templados de los más curtidos parroquianos del batzoki. Hoy es el día de los truenos y los relámpagos. Es el día en el que el PNV se mira hacia dentro y habla hacia fuera. El día en el que se vuelve hacia los principios, aquellos que muchos ni saben cuáles fueron, ni mucho menos saben cuáles son. Hoy, sin lugar a dudas, es el día del recuerdo para el PNV y para muchos de los que a su sombra se cobijan. Será el día del domund, la jornada obligada y engorrosa que se debe pasar de puntillas y con la cara arrebolada por el inevitable rubor. Hoy el PNV recuerda en alto que tiene un pasado de cárcel y tiros porque un buen día a un tal Arana se le ocurrió decir que Euskal Herria es la patria de los vascos. Una perogrullada que todavía cuesta la vida el sostenerla.

      Hoy es el día en el que los peneuvistas de carné se llenan de sus ayeres para mantener las ilusiones de un mañana que nunca terminan de ubicar. Hoy es también el día del exceso y de la impostura para esos dirigentes de nuevo cuño para los que lo único de malo del "partido" es precisamente volver una vez al año a sus orígenes y a rememorar sus primeros pasos.

      Hoy, en Salburua, para unos se conmemora el día de un partido que todavía es ideas sin plasmar, ilusión, magia y utopía, el día, para otros, de celebrar el recuerdo de lo que fue y no volverá a ser, jornada de desahogo para atemperar juveniles veleidades, pasiones infantiles de boina, txistu y txalaparta.

      Se oirán voces hoy que levantarán ánimos exhaustos, se escucharán frases que envolverán de gozo a los espíritus a punto del derrumbe patrio. Convencerán a los convencidos de que Euskal Herria se mueve a ritmo de su zortziko, que ellos hacen bajar del monte, que ellos harán subir al valle.

      Hoy es el día de las palabras bellas, de proclamar las ideas sublimes, de expresar lo que luego se esconde. Hoy es el día en el que nadie sabe qué coño pintan en el PNV Azkuna, Atutxa, Arregi y toda esa serie que componen la banda de Mirlitón, banda de peneuvistas ileales que deslegitiman a su partido ante el abertzalismo. Esa banda tan amable y afable con los que defienden la idea de España y tan dura y cruel con quienes luchan (como sea) por la plena soberanía de Euskal Herria.

      Hoy en Salburua los abertzales del PNV tienen una cita para llenarse de ilusión, cargar pilas y tomar nuevo impulso. Es necesario para Euskal Herria que hoy el viejo partido ande y que, además, lo haga bien. Es necesario que el PNV, a pesar de los pesares, se vuelva a ideologizar, que haga gimnasia, que reduzca sus michelines, que mire su historia y la de su pueblo, que se sacuda de su posibilismo, que se rearme de argumentos y, sobre todo, que pode sus malas, innecesarias e inútiles ramas.

      El PNV es importante para Euskal Herria. Tanto que por eso España le quiere tanto. Tanto que por eso siempre dentro de sus adentros el PNV mantendrá la semilla de la duda entre la valentía y la vergüenza de sobrevivir con la dignidad lastimada, con esa eterna ambigüedad que tanto inquieta a los que pelean (como sea) por la libertad de Euskal Herria.

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